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sábado, 2 de octubre de 2010

El 25 de mayo, una jarana

Buenos Aires, Mayo 26/810
Señor. D. José Gregorio Aráoz
Querido Chuchi:
Por tu esquela que he recibido debo decirte que todas las prevenciones y encargos que me haces son a destiempo: los breviarios ya están retobados y marchamados; por el correo pasado que me previenes no te compres Bayetas, te contesté ya las tenía compradas. Mañana pienso cargar, esto es si no hay ninguna novedad; por estar este pueblo tan alborotado: el 23 hizo dimisión del mando el señor virrey en el Cabildo: el 24 hizo el Cabildo en nombre del pueblo una Junta que se componía del presidente de ella al señor virrey, vocales el doctor Solá, Saavedra, el doctor Castelli, Anchorregui (sic), Leiva, fiscal Moreno y Pazos secretario con tratamiento de Excelencia. Se echó bando, se repicaron en todas las iglesias, se iluminó el pueblo para que se reconociesen a estos sujetos: al otro día 25, que fue ayer, otro alboroto, que no estaba conforme el pueblo con esta Junta, renunciaron todos estos señores de su empleo, y se ha formado nueva Junta compuesta del comandante Saavedra presidente y comandante general, los vocales el doctor Moreno, don Juan Larrea que es ... (roto)... el cura de San Nicolás, el mismo Castelli, Leiva, Domingo Matheu, y otros más que por todos son diez, hoy se ha echado el bando para que se reconozcan, y mañana puede que sean otros. Me parece que te sobra a ti dinero y a mí también; yo no pienso emplear más sino mandarme mudar, por lo que veo esto no está nada bueno, pero no sé cómo sacar mi licencia, porque no sé hasta ahora quién nos gobierna. Tu afectísimo.

J:M:Silva

Somos 27. Te harás cargo por el bando que te incluyo de los sujetos de la nueva Junta, y luego pasará dicho bando al padre fray Jacinto Ruiz de la orden de Predicadores y le dirá se la remite su padre. Acabo de recibir los documentos, dos p. de poder de Sanz y quedan en poder de Doral.
A Méndez que sus prevenciones son inoficiosas, que no le tengo comprado nada: por klechero no me remitió en derechura la nota, y me despachó bajo de cubierta de algún mozo de Santa Coloma, y hasta ahora no la he recibido; bastante me ha perjudicado, que si no es él, no me encuentro en esta Jarana. Vale.

Fuente:
Carta de José Silva, tucumano de paso en Buenos Aires, a José Gregorio Aráoz, de Tucumán. Archivo histórico de Tucumán. Documentación Dr. Ernesto E. Padilla, carpeta 28.

Nota: José Manuel Silva fue un comerciante acaudalados en Tucumán, gobernador de la provincia en 1828. La revolución de Mayo lo encontró en Buenos Aires, y desde allí escribió esta carta a Tucumán, a su amigo José Gregorio Aráoz.

domingo, 20 de junio de 2010

Costo de vida en Buenos Aires para 1790

Contrariando la opinión general, la vida en la época colonial, en Buenos Aires y su campaña, no fue fácil ni barata. Una casa de tres habitaciones, dependencias para el servicio y tres patios, ubicada en el barrio de Santo Domingo, no se podía adquirir por menos de cuatro mil quinientos a cinco mil pesos, dependiendo de la calidad de los materiales empleados y si tenía terraza.
El amoblamiento de la misma superaba los dos mil quinientos y se acercaba mucho a los tres mil, o algo más si los muebles eran de jacarandá o nogal o fabricados en España o Francia y traídos por encargo. Los cortinados, fundas de los muebles, espejos, almohadones y otros complementos representaban como mínimo los quinientos pesos, dependiendo de los géneros usados, pues había diferencias apreciables entre el damasco, la seda y el algodón posibles de utilizar en ellos.
En lo referente a la comida y la bebida, los gastos anuales eran tolerables, dado que el alimentos básico era la carne, tanto vacuna, como ovina o porcina, a la que se agregaban los animales domésticos, las aves de corral o los salvajes de la fauna menor. Pero en promedio se necesitaba, para una familia que podemos llamar tipo para la época, de cinco personas y otros tantos sirvientes, no menos de 8 ó 10 pesos diarios, que eran entre 250 y 300 mensuales, o sea, unos 1.100 al año. Aunque parezca excesivo este gasto en comida y bebida, debe considerarse que el personal de servicio no cuidaba los utensilios utilizados y buena parte de los elementos usados eran tirados a la basura o dados a los perros y gatos de la casa o a los limosneros que a diario hacían sus recorridas por el polo urbano de la ciudad.
Respecto a estos mendicantes, hay relatos que indican a varios de ellos con sitios reservados en la Plaza Mayor, donde se dirigían, junto a su o sus perros, cuando habían logrado la cantidad de comida apetecida y, tirados en el suelo, daban entre todos cuenta de lo recogido. Respecto a los gastos de comidas y bebidas, existía la recomendación de tener como plato principal, carne de vaca hervida, no asada, acompañada con mate o agua.
Una estimación promedio del costo de la batería de cocina era de cien pesos o algo más, siempre que predominaran las piezas de cobre, pues si se preferían las de plata, esa cantidad se multiplicaba por cuatro. La cantidad de ropa blanca para las camas, como las toallas, insumía al año una suma estimada en cien pesos.
Un gasto nunca ajustado y siempre cambiante fue el correspondiente al calzado de las mujeres mayores, pues además de hacerse en cada casa los zapatos, para ahorrar una buena suma, esa confección casera resultaba ajustada al gusto estético de quien los llevaría, pero deficiente y, por ello, al año cada mujer necesitaba renovar el calzado entre cuatro y cinco veces. A ello había que agregar que cada dueña de casa, como sus hijas en edad de casarse, necesitaban por lo menos tres tipos de calzado. Uno para entrecana, otro para salir de visita o compras y un tercero para las reuniones sociales, donde se bailaba.
Un gasto que era incontrolable e imposible de evitar era el ocasionado por el mal trato que los esclavos del servicio doméstico daban al menaje que no era metálico. Hay muchos inventarios de bienes, que indican ese menaje como averiado en mayor o menor proporción y son muchos los juegos de tazas, platos, copas o vasos incompletos o desportillados. Muchas de las piezas metálicas bronce, hierro o plata presentaban abolladuras y hasta rajaduras que afeaban el aspecto o imposibilitaban el uso. No eran raros en los inventarios los asideros o mangos defectuosos y hasta faltantes.
La cantidad de personal doméstico variaba de casa a casa, pero para la familia tipo mencionada, no era menos de cinco. El precio promedio de cada uno de ellos era de entre 200 y 300 pesos, dependiendo de la edad, tiempo de estada en la ciudad y habilidades. Su distribución en las tareas de la casa era más o menos fija. Este personal se componía de un cocinero para hacer las compras en el mercado y distribuir el menú diario en forma armónica y dentro del presupuesto disponible; una persona para acarrear el agua necesaria en la cocina y para fregar los utensilios usados; una tercera para paje y lacayo, que acompañaba a la señora de la casa al templo, a recorrer tiendas y a hacer las compras y que se ocupaba de la limpieza de los niños; una cuarta persona era quien hacía de cochero y en los ratos libres se ocupaba de la limpieza de la casa y demás menesteres interiores.
En las familias pudientes, a este plantel básico se agregaba la negra de cría, así llamada por ser quien amamantaba a los niños pequeños y ayudaba a la señora en la intimidad de su alcoba. Todo ese personal doméstico de origen esclavo estaba supervisado por el mayordomo blanco que los controlaba y corregía, evitando roturas y robos. Como no había profesionales en ese entonces para este último trabajo, se lo agregaba con una asignación anual y un lugar para vivir. A pesar de estas ventajas, hubo quienes lograron ubicarse en el seno de familias importantes para desaparecer al poco tiempo, con dinero, alhajas o ropas, como consta en el archivo de Tribunales.
Otro gasto que significaba preocupación era la limpieza y conservación de las prendas, pues además del lavado era necesario almidonarlas, especialmente las enaguas y los delantales, para cuando se recibían visitas. La ropa de uso personal y la de cama e higiene, se deterioraba bastante, por el método utilizado para lavarla, ya que los jabones usados estaban fabricados en base a lejías que debilitaban, cuando no carcomían, las fibras de los tejidos, junto con el apaleamiento complementario, que se hacía en las toscas del río, para sacar de ellas los excesos de jabón.
En general esa sociedad colonial puede ser considerada como austera, salvo cuatro vicios. Uno de ellos era el abanico, prenda imprescindible para una mujer que apreciaba la elegancia y la sofisticación sociales. Otro correspondía a los hombres y era el uso de relojes de bolsillo, también considerados esenciales, para completar el vestir masculino en todas las actividades diarias. Un tercero era de hombres y mujeres, y consistió en el consumo de tabaco y de rapé. Este último se decía que estaba reservado para las personas de estudio y se le atribuían propiedades para aclarar los pensamientos y tener la cabeza clara. El cuarto defecto o vicio fue el de la excesiva limosna, cuando superaba las realidades fácticas de quien la prodigaba. Hubo familias que hicieron una cuestión de honor de la cantidad de mendicantes que acudía a su puerta a diario para obtener comida, ropa, calzado. Esa ayuda incluía a sacerdotes, sin distingo de órdenes.
Son muy raras las manifestaciones sobre mujeres dadas al excesivo consumo de bebidas, pues ni aún entre las esclavas, manumitidas o libertas han quedado registros de sus nombres o costumbres.
Un rubro de poca repercusión en la sociedad de su tiempo es el que corresponde a los gastos en bibliotecas y libros, posiblemente por el elevado precio de ambas cosas.
De los inventarios, legajos y herencias posibles de consultar, se desprende que las casas más lujosamente puestas, correspondían al alto clero, especialmente en los rubros de muebles, ya que en ellas predominaron los de jacarandá con patas torneadas de pie de cabra, colgaduras de damasco y hasta mulas mansas con las consiguientes guarniciones adornadas con penachos de seda.
Dado los cambios ocurridos en la economía argentina resulta imposible hacer una estimación del valor adquisitivo de la moneda de aquel entonces comparándola con la actual, pero es posible inferir que el presupuesto de la familia tipo considerada, significó el equivalente de quince o más de las familias de los sectores trabajadores.

Carretero, Andrés Manuel. Vida cotidiana en Buenos Aires. Ed. Planeta.

martes, 4 de mayo de 2010

5 de mayo de 1810

Correo de Comercio Número 10 Del Sábado 5 de mayo de 1810

NAVEGACIÓN.

La série de sucesos extraordinarios en que nos hemos visto envueltos, nos ha privado de las resoluciones beneficiosas de nuestros Soberanos, sobre puntos los mas interesantes á estas Provincias, que han llamado y llaman la atención de nuestro Gobierno: entre ellas contamos la de que se pusiesen los medios para que el puerto de la Ensenada de Barragan sirviese para el abrigo de los buques mayores que arriban á este amarradero, y pudieran executar sus descargas y cargas con toda seguridad, y en el menor tiempo posible se despachasen las expediciones de nuestro giro marítimo, que tanto movimiento dá á las producciones de este continente.
Nunca podremos ponderar bastante la necesidad que hay de franquear á las embarcaciones un asilo seguro en donde puedan permanecer resguardadas de todo temporal, con el menor costo que sea dable, y en el qual puedan recorrerse y alistarse para las dilatadas navegaciones que deben emprender, en términos que no causen perjuicios á los cargamentos que se pongan á sus bordos, que siempre han de resultar en contra de nuestro comercio.
Ese asilo lo presenta la Ensenada de Barragan, acaso como ningún puerto en el Rio de la Plata; porque se halla resguardada de los vecinos mas impetuosos que soplan en esta Zona; de consiguiente los buques pueden estar amarrados con los cables mas infimos, sin temor de ninguno de los accidentes que sobrevienen en las calas ó puertos, donde no se goza de iguales ventajas: los buques que se recorran no tienen que detener ni un solo instante sus trabajos; porque nada hay que altere aquellas aguas; siempre están tranquilas, y casi como en la mayor calma.
Su entrada es facilísima, no tiene escollo alguno, por mas que se ha querido decantar, y el Canal del S. por donde deben navegar las Embarcaciones que se conduzcan á la Ensenada es el mejor de este Rio, por su mayor anchura y mejor fondo: todo consiste en navegarlo con aquel cuidado que exigen todas las navegaciones de los Rios, y que los Pilotos no piensen que se hallan en el anchuroso é insondable Mar.
No se entienda que esto sea querer aspirar á que solo el Puerto de la Ensenada sea el único en el Rio de la Plata para admitir los Buques de nuestro comercio marítimo; estamos muy distantes de pensar en esta exclusiva odiosa, pues nuestra idea es, conforme á las intenciones de nuestro Gobierno de proveer las mayores ventajas a los subditos; que se abran al comercio todos los Puertos que se conocen en la Costa Septentrional y Meridional de este gran Rio, conociendo que este es uno de los principales arbitrios de atraer nuestras gentes á las riberas,y poblarlas como es debido para tener los medios mas prontos de su defensa.
Creemos de la mayor importancia aun obligar á que los Buques que vienen al amarradero entren al Puerto de la Ensenada por muchas consideraciones, y la mas principal porque se respete como es debido á nuestro Gobierno, y sepa éste quien entra y sale en este Rio; y mas á la vista de los celadores se executen las cargas y descargas, lo que ahora es bien dificultoso por mas celo y cuidado que se ponga; á mas de que estando baxo el cañon, no se avanzará ninguno á faltar á aquellos respetos, ni los comerciantes estarán con el subsidio de que algún mal intencionado se les escape sin haber salvado sus obligaciones respectivas.
No hay que temer el contrabando con que se ha arguido para desviar la idea del Puerto de la Ensenada; este es un bú para amedrentar á los niños; no es tan fácil como se ha pensado, y si hay alguna facilidad es la misma que hay en todos los puertos por mas resguardados que estén; pero todavía hay mas que quando se execute nunca será tanto como el que se hará estando las embarcaciones fuera de la vista de los celadores, y no teniendo ninguno á su bordo; á que se agrega que no porque pueda traer un mal alguna cosa, se ha de prohibir enteramente; desgraciado el género humano si se le sujetara á esta clase de prohibiciones.
Hay también otros motivos muy poderosos, y de la mayor consecuencia para facilitar este Puerto, y ponerlo en el mejor estado posible, como quisiéramos qne lo estubiesen todos los que hay en nuestro Rio de la Plata; ellos son las puertas principales de nuestra Casa, y así política, como económicamente exigen de nosotros la mayor atención y cuidado baxo todas consideraciones: si ellos hubieran tenido el llamativo del comercio, estamos seguros que nuestras Costas presenciarían un aspecto muy diferente del que hoy tienen, y habrían causado, y causarían el respecto á que somos acreedores.
Ya hemos indicado que seria un arbitrio la entrada libre á los Puertos para llamar las gentes á poblar nuestras riberas: en efecto, los consumos de las embarcaciones, en todos sentidos, proporcionan utilidades reales y verdaderas á los que se dedican á proveerlas, asi se vé que las tierras que están á las inmediaciones de los Puertos de mar son las que están mejor cultivadas, y las que inmediatamente se pueblan tomando un valor crecido.
Nosotros necesitamos poblar la Costa S. de este Rio, y sin costo alguno del Erario, ni de la causa pública, se puede conseguir, con solo obligar a las embarcaciones que vienen al amarradero á que hayan de entrar á la Ensenada de Barragan: los costos y gastos que ellas han de hacer para la manutención de las tripulaciones, y para las operaciones precisas de cargas y descargas, serán un aliciente poderoso para reunir en aquel punto un gran numero de gentes que tenemos dispersas, y formar un Pueblo de toda consideración con utilidad grande del Estado, así por lo moral como lo fisico.
Ese Pueblo será una de las murallas que tengan que vencer los enemigos que quieran invadirnos, y acaso pueden encontrar en él su destrucción antes de dar un paso adelante, ó si lo mirasen con desprecio, muy bien podría sucederles ser victima de él, operando de acuerdo con las tropas de la gran Capital: no se daría entonces caso de que pudiésemos ser sorprehendidos aun en la paz mas profunda; pues para efectuar los enemigos sus ideas seria de necesidad que intentasen contra él sus primeros ataques, que nos pondrían en alarma.
A mas de tan poderosos motivos, tendríamos el de poner en valor todos los alrededores, y aun muchas leguas mas de distancia de la Ensenada; veríamos aprovecharse por nuestros Pastores un gran número de renglones que hoy abandonan, y que nuestros Labradores se dedicarían á cultivos provechosos de que no pocas ventajas sacaría la Provincia, por medio del consumo que las embarcaciones proporcionarían ya para sí, ya extrayéndoles sus frutos para el comercio de ultramar.
Y no se crea que esta es de las que nosotros llamamos obra de Romanos: en meses solo veríamos los progresos de aquel Pueblo; hoy casi abandonado, con solo la determinación indicada: quando no fuera la experiencia que nos lo ha enseñado en quanto Puerto se ha abierto al comercio, bastaría la que ese mismo Puerto nos presentó en los pocos días que estubo con el permiso de admitir los Buques del comercio marítimo para convencernos de la importancia de una determinación, á todas luces, tan benéfica.

SUSCRIPCIÓN. Se dará de este Periódico un pliego en el Sábado de cada semana, y un medio pliego de suplemento; y se suscribirá á él en la Imprenta de Niños Espósitos; siendo su precio el de un peso al mes para los de esta Capital, diez reales para los Pueblos comprenhendidos en esta Administración principal de Correos, y doce reales para los del Perú y Chile; no admitiéndose suscripción para esta Ciudad por menos de tres meses, y de seis para los de fuera; debiéndose anticipar su importe, y recibiéndolo en sus casas los de esta ciudad; y fuera, francos de todo porte.

Buenos Ayres : en la Real Imprenta de los Niños Expósitos.

sábado, 4 de julio de 2009

25 de Mayo y los paraguas, de L Sánchez de la Peña

Nunca se dio la famosa escena de la gente en el balcón y la multitud en la plaza. La multitud y los patricios presionaron al Cabildo durante buena parte del día 25 de mayo. Como las deliberaciones se hicieron muy largas, la mayoría de la gente se fue. Entonces, en el momento en que los revolucionarios (apelando al pueblo que estaba afuera) lograron imponer su deseo, es decir una junta sin la intervención del virrey, ellos y los cabildantes salieron al balcón a anunciar el éxito. Pero había tan poca gente que un miembro del Cabildo, Leiva, que se oponía al cambio, dijo "¿dónde está el pueblo?". La presencia en la plaza se había convertido en algo importante.
De hecho, la reunión en la plaza Mayor, luego llamada de la Victoria y que terminaría siendo la Plaza de Mayo se transformaría en un elemento clave de la política porteña y más tarde de la Argentina. Ya desde el período colonial era un lugar decisivo para presionar a los gobiernos.
La Revolución del 25 de Mayo estuvo protagonizada por vecinos de Buenos Aires que reclamaban la renuncia del virrey y la designación de una Junta de Gobierno. La mayoría de estos vecinos pertenecían a la elite de la ciudad, lo que hoy llamaríamos la clase alta. Más adelante, desde 1811 empezarían a participar en la política otros sectores sociales. Quienes también estuvieron presentes, y no suelen aparecer en los cuadros, eran los miembros del Regimiento de Patricios, que se instalaron en un costado de la plaza, junto a la Recova. Los patricios eran milicianos, es decir que no eran militares como los entendemos hoy, sino vecinos que se armaban en defensa de la ciudad, de acuerdo a una tradición española. Debido a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, la población porteña había formado muchos cuerpos de milicia voluntaria, varios de los cuales seguían existiendo en 1810. El más poderoso en Buenos Aires era el de patricios. El apoyo de ese cuerpo fue fundamental para asegurar el triunfo de los revolucionarios, dado que no había ninguna fuerza que pudiera oponérseles. Y de hecho, el presidente de la junta que se nombró en lugar de Cisneros fue el jefe de los patricios, Cornelio Saavedra. Así se mostraba quién tenía más poder en Buenos Aires.
El Cabildo era el cuerpo municipal colonial, ahí se tomaban las decisiones acerca de los asuntos de la ciudad y sus alrededores. Los que integraban el Cabildo eran los vecinos de la ciudad que tenían una casa poblada en ella. Cuando había alguna urgencia, el Cabildo podía convocar a un Cabildo Abierto, que era una asamblea en la cual los vecinos discutían qué hacer ante el problema.
Quizás hubo algunas mujeres, pero las cuestiones de gobierno estaban reservadas a los hombres; las mujeres tenían un lugar subordinado en todos los aspectos de la vida. Eso no quiere decir que no tuvieran opiniones sobre asuntos políticos, pero no intervenían en la primera línea ni podían ocupar ningún cargo público.
French y Beruti se hicieron muy conocidos por repartir pedazos de tela como divisa, es decir como símbolo para identificar a los partidarios de la revolución. Sin embargo, no repartían escarapelas como las conocemos hoy. La escarapela celeste y blanca fue creada el 18 de febrero de 1812. Pero el festejo oficial se realiza en mayo y recuerda, en realidad, a la que usaron French y Beruti frente el Cabildo y que quizás -no se sabe con exactitud- haya sido roja.
El 25 de Mayo de 1810 fue uno de esos días grises de otoño que son bastante comunes en Buenos Aires. Pero los paraguas como los conocemos ahora, no existían. Había parasoles, pero no podían parar el agua. De hecho, no había telas impermeables (N. del editor: si había paraguas de hule).
Por: Canal Encuentro

Recortes

Todo lo que nos rodea -cosas, sitios, personas- tiene un pasado. Aprender a analizarlo, a comprenderlo e investigarlo nos permite afirmar nuestra identidad o sentir la necesidad de modificarla. Así, hoy revisitamos el 25 de Mayo de 1810, recuperando viejas tradiciones para ponerlas bajo la lupa y mirarlas en detalle, para animar la polémica, para estimular el pensamiento crítico, para pensar que los héroes de bronce alguna vez fueron de carne y hueso.
¿Explica el peinetón si con el 25 de Mayo de 1810 comienza la idea de soberanía en el Virreinato del Río de La Plata? ¿Consigue esclarecer el cabildo de cartulina y papel glacé los intereses de la Primera Junta? ¿Tenían paraguas los "manifestantes" de la plaza? Sin duda se trata de recortes cuya fortaleza, en gran medida, consiste en su capacidad para facilitar el acceso a la explicación. Quizás, entonces, la clave sea pensar en las múltiples puertas de entrada. Para acercarse más. Para reflexionar críticamente sobre las muchas causas y sus consecuencias.
Los invitamos a un recorrido interactivo por la pintura 25 de Mayo y los paraguas, de L. Sánchez de la Peña. Recorriendo la imagen con el mouse podrás descubrir detalles de este cuadro y saber qué hay de cierto y qué no en esta particular representación: ¿quiénes estaban en la plaza?, ¿había mujeres entre ellos?. Con estas actividades nos proponemos indagar de forma crítica en algunos elementos que forman parte del proceso a partir del cual se inicia la independencia de nuestro país. Nos motiva:
Construir la historia, volver sobre la historia (Nivel Primario)
Lectura crítica de documentos históricos y mirada sobre nuestro pasado (Nivel Secundario)
Sobre las efemérides escolares, la escuela y el siglo XXI (Espacio de reflexión pedagógica.
Antes de empezar es necesario aclarar que un cuadro no es una foto, sino una interpretación de los hechos realizada por el pintor, muchísimo después de los hechos de 1810. Las pinturas que ilustran la Revolución de Mayo se realizaron en su mayoría durante los festejos del Centenario, es decir, a comienzos del siglo XX. En esa época, el Estado argentino encargó una serie de pinturas que recrearan los hechos, dándoles un tono heroico. Incluso se hicieron películas sobre esos temas históricos. Por lo tanto, lo que vemos aquí no es la Revolución de Mayo tal cual fue sino una reconstrucción de la época, imaginada por el artista de acuerdo a documentos históricos que consultó.
Por: Canal Encuentro. Historia de un país. Argentina.
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