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martes, 23 de mayo de 2017

1810, mayo 23

El 22 de mayo, “la parte más sana y principal del vecindario” concurrió al Cabildo en tanto la plaza estaba llena. Por 15 horas se discutió qué hacer tras entrar los franceses a Sevilla. El obispo Benito de Lué y Riega y el fiscal Manuel Genaro Villota, sostenían que los americanos debían obediencia a los españoles pero Juan José Castelli y Juan José Paso, dando voz a los criollos, exigían la conformación de una junta local al considerar que desparecido el rey, el poder regresó al pueblo. Se votó en la noche del 22 y el 23 por la mañana se realizó el conteo de votos. Por 159 a 67, triunfó la opción que exigía la deposición del virrey. Sin embargo, ese mismo día el Cabildo daría su golpe contrarrevolucionario nombrando una junta presidida por al virrey depuesto, algo inadmisible.
Transcribo las palabras dirigidas por el Ayuntamiento a Cisneros, donde se pretendía nombrarlo titular de una junta de gobierno hasta tanto se convocara a una Junta general del virreinato: 

“Este Ayuntamiento, siguiendo siempre las ideas de conciliar el respeto de la autoridad con la tranquilidad pública, ha deliberado, como único medio para conseguirlo, el nombrarle a V. E. acompañados en el ejercicio de sus funciones, hasta que convocada la Junta general del virreinato, resuelva lo que juzgue conveniente. Lo que participa a V. E. para su perfecta inteligencia. Dios guarde a V. E. muchos años. Sala Capitular de Buenos Aires mayo 23 de 1810”.

Fuente: Actas Capitulares del 21 al 25 de mayo de 1810, en Pedro de Angelis, Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las Provincias del Río de la Plata, Tomo III, Imprenta del Estado, Buenos Aires, 1836.

domingo, 19 de febrero de 2012

Sitio de Cuautla de Amilpas, 19 de febrero de 1812

Fue el cura Miguel Hidalgo y Costilla, quien comisionó al sacerdote de Carácuro, José María Morelos y Pavón, como comandante insurgente en el sur del país, el 20 de octubre de 1810. Cuando el 19 de febrero de 1812, el ejército realista de Félix María Calleja Rey atacó la ciudad de Cuautla con la pretensión de tomarla por asalto, el ejército insurgente que allí resistía, estaba conducido por Morelos. EL General Morelos había llegado a Cuautla en diciembre de 1811 y dejó al Gral. Leonardo Bravo para fortificar al pueblo, mientras partía hacia Tenancingo, en donde enfrentó al realista Porlier, lo derrotó y le tomo todo su armamento y alimentos. Regreso a Cuautla el 7 de febrero de 1812 y dispuso continuar las fortificaciones pues había llegado a México Calleja, a quien el Virrey Venegas le ordenara acabar con Morelos.
Morelos dividió a Cuautla en sectores: San Diego con Hermenegildo Galeana; Santo Domingo con el Gral. L. Bravo; y Buenavista con Mariano Matamoros. Calleja llegó por el noreste a Pazulco el 17 de febrero de 1812 y el 18 resolvió asaltar el pueblo al día siguiente. Dividió su ejército en cuatro columnas para asaltar Cuautla por cuatro lugares diferentes:
Primera. El granadero con Pedro Segarra asaltó la trinchera norte en donde sería muerto por Hermenegildo Galeana.
Segunda. Juan N. Oviedo de San Luis trató instalar una batería de cañones, pero él y sus acompañantes fueron mortalmente heridos por las defensas de las azoteas del convento de San Diego.
Tercera. El provincial de Guanajuato con su jefe Conde Diego de Rul esperaba asaltar la trinchera de El Encanto, pero aquí se destacó la participación de un niño de 12 años llamado Narciso Mendoza, quien hizo estallar un cañón que arrasó buena parte del batallón e hirió mortalmente a Rul. El jóven fue por ello nombrado “El Niño Artillero” (ya adulto llegó a ser teniente coronel).
Cuarta. El Conde de Alcaraz, desde El Calvaio, orado a cañonazos la pared oeste de la huerta del convento de San Diego el 30 de marzo. Galeana comisionó a Aguayo y al comandante Carranza para atacar El Calvario y por el sorpresivo ataque, lograron ocupar la fortificación, en donde murió el capitán Gil Riaño y fue herido gravemente el Ex-sargento Garrido, El mismo Alcaraz muere en la acción. Nuevas fuerzas desalojaron posteriormente a los insurgentes.
Calleja, al frente del primer arco del acueducto de Buenavista el 25 de marzo, sufrió viendo pasar a sus soldados cargando muertos y heridos por la defensa comandada por Matamoros, y saber las grandes bajas sufridas por sus cuatro columnas. Él mismo estuvo en peligro de morir por una bala de sus mismos cañones. Ordeno regresar a su campamento en Cuautlixco.
 Las acciones
 El ataque se había iniciado a las 7 AM y tras 6 horas de lucha, los insurgentes les habían infligidos 19 muertos y un centenar de heridos, mientras los realistas asesinaron a 37 hombres, mujeres y niños aún de pecho, a bayonetazos. A pesar de la victoria, Morelos no salió de la plaza porque sabía que Calleja seguía teniendo a sus órdenes un ejército mayor y mejor entrenado para las maniobras en campo.
El 29 de febrero se le unió a Callejas, el General Ciriaco de Llano, fracasado también en Izucar, Puebla. Juntos, resolvieron sitiar y circunvalar Cuautla. El 10 de marzo se inició el bombardeo que convirtió en ruinas el pueblo; cortaron el agua del Canal de Xochitengo, mientras los alimentos de los sitiados se terminaban. El sitio se prolongó por 73 días, con fuertes combates y sin que los atacantes pudieran vencer, pese al hambre. Cuando Calleja ordenó cortar las tomas de agua del río, apareció la sed, pero Hermenegildo Galeana desalojó al enemigo y reestableció el acceso al agua construyendo un baluarte con parapeto para proteger los manantiales, finalizado el 3 de abril. El barranco de Agua Hedionda, en donde actualmente se ubica un balneario, lleva ese nombre debido a la contaminación que dejaron en el lugar las tropas realistas.
Debido a lo grave de la situación por la falta de provisiones y la probabilidad de una epidemia, Morelos atacó rompiendo el cerco mediante ataques combinados contra la línea realista efectuados en la noche del 1º al 2 de mayo. Muchos insurgente murieron y se perdieron armas y municiones, pero el grueso del ejército se puso a salvo y rápidamente repuesto, acometió otras empresas que no alcanzaron la fama lograda por la defensa y rompimiento del cerco de Cuautla de Amilpas, la Heroica. Acompañaban a Morelos el cura de Jantetelco, Mariano Matamoros, que se unió a su causa en diciembre de 1811, y fue su brazo derecho. De 39 combates importantes, Morelos y sus tropas vencieron en 25, destacándose patriotas como Mariano Matamoros, Francisco Ayala, y Nicolás Bravo. Entre lo caídos el 18 de marzo, estaba el Coronel Garduño, quien fue herido mortalmente por una bala de grueso calibre que penetró por una ventana y al rebotar deshizo la cabeza del Coronel.
Del material digitalizado por el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, del Gobierno del Estado de Morelos, tomamos que tres mujeres sobresalieron durante el Sitio: La Barragana, La Humana Costeña y la Cuellar: la Costeña llevaba a los soldados insurgentes aguas frescas y comida regalada; la intrépida Barragana fue comandante de un grupo numeroso de insurgentes que la obedecían y respetaban habiendo recibido órdenes de Morelos para vigilar la llegada realista. Se dirigió en su caballo ella sola a Tetelcingo y observó el conjunto realista; la vanguardia del enemigo la vio y la persiguió buen trecho salvándose por la ligereza de su caballo; y la Cuellar salía ocultamente y regresaba por la madrugada cargando muchas bolsitas de pólvora que hacía su marido en Coahuixtla.
El 1o. de Mayo, Calleja ordenó suspender el bombardeo y mandar a Morelos el indulto; leyó el general el indulto y escribió en el mismo papel "igual gracia concedo a Calleja y los suyos". Ese día resolvió y logró romper el sitio. A Morelos, su condición de cura no le restó méritos a su genialidad militar ni a la del estadista. Morelos necesitaba aquella victoria para tomar Puebla y de ahí avanzar a la capital. No fue la primera vez que este pueblo descendientes de olmecas, enfrentaban a los españoles, quienes los habían sometidos y despojados de sus tierras, con la venia del virrey Gaspar de Zuñiga Acevedo, Conde Monte Rey y Virrey de la Nueva España, un 5 de julio de 1603.  
Ciudad Heroica

 El 4 de abril de 1829 el Congreso del Estado de México decreto que el pueblo de Cuautla de Amilpas se denominará Ciudad Heroica de Morelos. Decreto.- "El Congreso del Estado de México ha decretado que el pueblo de Cuautla de Amilpas se denominará: "Heroica Ciudad de Morelos". "Lo tendrá por entendido el Gobernador del Estado, haciéndolo imprimir, publicar, circular y ejecutar. Dado en la ciudad de Tlalpan, a 4 de abril de 1829. Atanacio Saavedra, Presidente; José R. Malo Diputado Secretario; Rafael Sánchez Contreras, Diputado Secretario".
El 17 de abril de 1869, bajo el Gobierno de Don Benito Juárez, el Congreso General de la República expidió un decreto erigiendo como Estado integrante de la Federación al de Morelos, comprendido por los Distritos de Cuautla, Cuernavaca, Jonacatepec, Tetela y Yautepec, que formaría por razones estratégicas durante la intervención francesa de 1862, al tercer distrito militar.
Por decreto No. 116 Bis. Artículo primero de 1979, se declaró heroica la ciudad de Cuautla Morelos con el carácter de "Ciudad Histórica".

viernes, 23 de diciembre de 2011

22 de diciembre de 1811 en El Salvador

La invasión y conquista española sobre América entre 1492 y 1650, asesinó a más del 80 por ciento de unos 80 millones de habitantes. A principios del siglo XIX, los pueblos latinoamericanos pelearon para acabar con el colonialismo español, con antecedentes de convulsiones internas tal como la rebelión de los Comuneros del Paraguay, el lanzamiento de Clatayud en Cochabamba, el levantamiento de los hermanos Catari, la revuelta de la Compañía Guipuzcoana de Caracas y el Alzamiento indígena de José Gabriel Tupac Amaru. Los antecedentes comunes fueron las ideas liberales de la Revolución Francesa, la ocupación Napoleónica a España de 1808 y la Declaración de Independencia de las 13 colonias Norteamericanas el 4 de julio de 1776. Las agitaciones comenzaron en 1810 en Caracas en abril, Buenos Aires en mayo, Santa Fe de Bogotá y La Paz, Bolivia, en julio, Quito en agosto, Santiago de Chile y en Dolores Guanajuato, México, en septiembre. Los patriotas comenzaron así a luchar por la Independencia del coloniaje español, luchasque culminaron en 1826, salvo en Puerto Rico y Cuba, que permanecieron dominados por España hasta después de mediados del siglo XIX. Haití fue el primer país de América que proclamó su Independencia en 1804, pero en un contexto diferente, porque estaba ocupado por Francia y se regía bajo un sistema esclavista. Bolivia y Ecuador arrancaron en 1809 sus movimientos independentistas, seguidos, un año después, por Venezuela, Argentina, México, Chile, Paraguay, Uruguay y en 1811 las provincias centroamericanas de El Salvador y Nicaragua, Uruguay lanzó el Grito de Asencio, encabezado por Pedro José Viera y Venancio Benavides el 27 de febrero de 1811. En Centroamérica, El Salvador lanzó el primer Grito de Independencia el 5 de noviembre de 1811, cuando José Matías Delgado, Manuel José Arce, Pedro Pablo Castillo y Juan Manuel Rodríguez convocaron a la Primera Junta de Gobierno. Nicaragua se lanzó a la independencia en Granada el 22 de diciembre, donde los patriotas encabezados por Manuel Antonio de la Cerda Aguilar, iniciaron la rebelión convocando a un cabildo abierto en el que se destituyó a todos los funcionarios españoles. Esta revolución fue sometida a sangre y fuego por los colonialistas españoles enviados desde Guatemala. De la Cerda fue capturado en abril de 1812, condenado a muerte, luego a cadena perpetua y enviado prisionero, encadenado, a la prisión de San Sebastián en Cádiz, España, donde permaneció encarcelado varios años. Ese mismo año 1812 el venezolano Francisco de Miranda fue capturado en Venezuela y trasladado también a Cádiz.

sábado, 27 de febrero de 2010

La Revolución Argentina.

Tales fueron, en general, las causas eficientes de la Revolución Argentina: el desarrollo armónico de las fuerzas morales y de las fuerzas materiales, de los hechos y de las ideas, del individuo y de la sociedad. La acción simultánea de este doble movimiento combinado, que obra a la vez sobre la parte y sobre el todo, es lo que explica la relación de los sucesos entre si, el vínculo que los une, la causa originaria que los produce y el resultado que es su consecuencia lógica. Así hemos visto progresar las ideas económicas, al mismo tiempo que el pueblo se enriquecía por el trabajo; fortalecerse el poder militar de la sociedad, al mismo tiempo en que se desenvolvía el espíritu público en los nativos; generalizarse las ideas de buen gobierno a medida que se conquistaban mayores franquicias políticas y municipales; surgir teorías revolucionarias de gran trascendencia del hecho de la desaparición del monarca; afirmarse el imperio de la opinión a medida que el pueblo se ilustraba por la irradiación luminosa de las ideas y sobreponerse definitivamente los americanos a los europeos, el día en que, con la conciencia de su poder adquirieron la plena conciencia de su derecho.
Esto explica cómo, al empezar el año de 1810, la Revolución Argentina estaba consumada en la esencia de las cosas, en la conciencia de los hombres, y en las tendencias irresistibles de la opinión, que hacían converger las fuerzas sociales hacia un objetivo determinado. Este objetivo era el establecimiento de un gobierno propio, emanación de la voluntad general y representante legítimo de los intereses de todos. Para conseguir era indispensable pasar por una revolución, y esa revolución todos la comprendían, todos la sentían venir. Como todas las grandes revoluciones, que, a pesar de ser hijas de un propósito deliberado, no reconocen autores, la Revolución Argentina, lejos de ser resultado de una inspiración personal, de la influencia de un círculo, o de un momento de sorpresa, fué el producto espontáneo de gérmenes fecundos por largo tiempo elaborados, y la consecuencia inevitable de la fuerza de las cosas. Una minoría activa, inteligente y previsora, dirigía con mano invisible esta marcha decidida de un pueblo hacia destinos desconocidos y que tenía más bien el instinto que la conciencia: ella fué la que primero tuvo la inteligencia clara del cambio que se preparaba, la que contribuyó a imprimirle una dirección fija y a darle forma regulares, el día en que la revolución se manifestó con formas características y fórmulas definidas.
Mitre, Bartolomé. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Buenos Aires; Editorial Suelo Argentino; 1945. Cap. IX. La Revolución. Pág. 114.

domingo, 18 de octubre de 2009

Allá donde la Revolución estalló en junio III

Luciendo flamantes jinetas de coronel, Juan Bautista Morón arribó a Mendoza el 10 de julio de 1810 con la misión de reclutar soldados para repeler la asonada realista que, a las órdenes de Santiago de Liniers, el obispo Orellana y el gobernador Gutiérrez de la Concha, se había atrincherado en la provincia de Córdoba. Por las dudas, Morón detuvo a los funcionarios leales a la Colonia que acababan de ser destituidos por el cabildo mendocino; los cargó con pesados grillos y los envió a Buenos Aires en calidad de detenidos. (Uno de ellos, Ansay, vagó durante 12 años por los presidios y los campos de concentración de prisioneros que existían o fueron creados por entonces. A pesar de ello, el tozudo aragonés se consideraba un hombre de suerte, dado que por poco no estuvo en Cabeza de Tigre enfrentando el pelotón de fusilamiento que acabó con la vida de Liniers y los demás complotados).
El día 26 la Junta de Gobierno bonaerense nombró al coronel José Moldes en calidad de Teniente Gobernador de Mendoza, designación que daba por tierra con las cándidas expectativas locales de elegir un gobierno propio. Moldes traía instrucciones terminantes en cuanto a cómo conducir la ciudad de acuerdo a los designios de la autoridad central que, no obstante el “discurso” previo, desestimaba la participación de los lugareños en el manejo de los asuntos públicos. Los mendocinos comprometidos con el cambio en ciernes empezaban a comprender que el proyecto político porteño no suponía el respeto a las autonomías provinciales ni tampoco consentiría la conformación de un órgano colegiado como instancia superior de gobierno.
La Junta Grande recién pudo comenzar a deliberar en Buenos Aires en diciembre de 1810. Desde el principio, el cuerpo colectivo fue el campo de batalla en el cual las facciones en pugna -saavedristas y morenistas- dirimieron sus diferencias. A propósito de la forma de gobierno, los primeros sostenían la necesidad de que este organismo asumiera un rol ejecutivo; los segundos, en cambio, afirmaban que, frente a la situación de guerra que se abatía sobre el país, era necesario contar con un gobierno fuertemente centralizado que fuera lo menos deliberativo posible. Además, decían que los diputados del interior en su mayoría representaban a sectores conservadores comprometidos con el régimen anterior y que, en esta nueva instancia, se debía aceptar el tutelaje de espíritus progresistas y decididos, que venían a ser ellos, la elite porteña.
Al cabo de algunos meses de funcionamiento caótico, un pusch preparado en la capital obligó a disolver la junta ampliada, mientras que los diputados del interior fueron conminados a abandonar la ciudad-puerto y a volver a sus respectivas provincias. A continuación, asumió el gobierno un triunvirato cuya misión principal se orientó a acentuar el proceso de centralización y militarización del poder político iniciado en mayo de 1810.
La esperanzada “Revolución de Junio”, que estalló simultáneamente en diversos lugares de la incipiente república se había malogrado a poco de comenzar y se apagó junto con el mes que la vio nacer. Desde entonces, los argentinos, tanto de Buenos Aires como del Interior, conmemoramos la “Revolución de Mayo”, que es la que triunfó.

“Para Buenos Aires, mayo significa independencia de España y predominio sobre las provincias. Con razón quiere tanto ese día”.Juan Bautista Alberdi

Por Gustavo Ernesto Demarchi(23-05-2007)

jueves, 10 de septiembre de 2009

Quién era M. Moreno

El peronismo intelectual tuvo su particular visión revisionista sobre M. Moreno y su sentido de la revolución. En "Apuntes para la militancia" (1965), John William Cooke señala que: "Desde la Independencia, los intereses foráneos tenían su aliado material en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa. Su primera víctima fue Mariano Moreno, cuya visión americanista chocó con el centralismo unitario que subordinaba el país a la política bonaerense." Moreno es sinónimo de Revolución para Norberto Galasso, enrolado en la corriente historiográfica autodenominada "Revisionismo Federal Provinciano Socialista". Desde su "Mariano Moreno y la Revolución Nacional" y "Mariano Moreno, el sabiecito del sur (1944), el Secretario fue "el hombre que sabe lo que quiere y cómo hacerlo, cuando los demás vacilan en medio del desconcierto y el fragor de la lucha: El es ya la revolución"; junto con sus Chisperos, encarna un proyecto revolucionario nacional y democrático.
Para Jorge Abelardo Ramos, el jacobinismo moreniano no era viable porque le faltaba una burguesía industrial que lo acompañara. Caracterizó a Moreno como proteccionista y enemigo del libre cambio, encarnando “la idea de la Nación en Armas contra la reacción absolutista española", además de tener una “comprensión profunda de la realidad" (Revolución y Contrarrevolución en Argentina).
En la visión de Juan José Hernández Arregui, Moreno “había preconizado un programa nacional tan realista como el puesto en práctica por los Estados Unidos al declararse la independencia”. Sentencia además que la historia oficial presenta a un Moreno “liberal, antihispanista y democrático, cuando en realidad fue proteccionista, hispanista y autoritario"(La Formación de la Conciencia Nacional). Ya en la década de 1940, Moreno era presentado como un revolucionario independentista y republicano, pero democrático de acuerdo a R. Puigróss, quien se acercaba al peronismo luego de su expulsión del Partido Comunista (“Mariano Moreno y la Revolución Democrática Argentina" y "Mariano Moreno y su época").
Por: Juan Carlos Ramirez

sábado, 15 de agosto de 2009

Plan de Operaciones, 1810

"Ya que la América del Sud ha proclamado su independencia, para gozar de una justa y completa libertad, no carezca de las luces que se le han encubierto hasta ahora y que pueden conducirla en su gloriosa insurrección. Si no se dirige bien una revolución, si el espíritu de intriga, ambición y egoísmo sofoca el de la defensa de la patria, en un palabra: si el interés privado se prefiere al bien general, el noble sacudimiento de una nación es la fuente más fecunda de todos los excesos y del trastorno del orden social. Lejos de conseguirse el nuevo establecimiento y la tranquilidad del interior del estado que es en todos tiempos el objeto de los buenos, se cae en la mas horrenda anarquía, de que se siguen los asesinatos, las venganzas personales, y el predominio de los malvados sobre el virtuoso y pacifico ciudadano".
Mariano Moreno. "Plan de Operaciones", 1810.

domingo, 26 de julio de 2009

Una Revolución que no fue tal.

El 25 de mayo tiene más valor simbólico que histórico. Valor simbólico de un hecho fundacional que todo pueblo necesita reconocer para afianzar su identidad. No fue el 25 de mayo un grito heroico de libertad como el de Tupac Amarú.
No hubo violencia, que es según el Diccionario de la Real Academia Española una de las características ineludibles que tiene el vocablo revolución, ni hubo cambios radicales. No fue tampoco una gran movilización popular como lo fue la reconquista de Buenos Aires durante las invasiones inglesas. No fue un gesto imperativo de la masa sublevada pero tampoco una decisión tomada exclusivamente por los doctores y la "gente decente" como lo cuenta la historia liberal mitrista.
No declaró la independencia pues se hizo en nombre de Fernando VII. Destituyó un virrey, pero ese hecho ya tenía antecedentes con la destitución de Sobremonte cuando se eligió a Liniers.
Caracterización de la Revolución
Para la historia oficial Mayo es una revolución antihispanica, porteña, separatista y probritánica. Tiene el objetivo primordial de vincularnos económicamente con Inglaterra. Fue realizada, como ya dijimos, por la gente decente del puerto. Para ellos las invasiones inglesas sembraron la idea de la libertad en los porteños y el proceso fue también parte de una maniobra geopolítica de Inglaterra y su diplomacia. Sostienen que la bandera principal fue el librecambio y el hombre que personifica la revolución es el liberal colonizado, autor de la "Representación de los Hacendados", Mariano Moreno.
Sin dudas, con matices y un poco más ajustada a la verdad ante diversos embates, esta es la versión que predomina culturalmente aun hoy. Fue pensada por el liberalismo argentino, con la finalidad de construir un hito fundacional a imagen y semejanza de Mitre, Sarmiento y cía. Es un relato histórico destinado a justificar, con el pasado, toda la política antinacional y entreguista que sobrevino a Caseros y Pavón. Toda política antinacional, desde Rivadavia hasta la dictadura de 1976, invoca este Mayo como antecedente de sus acciones.
Frente a esta versión interesada, se abrió paso otra explicación de los hechos de Mayo. Para una corriente del revisionismo histórico, Mayo fue una Revolución Democrática. Más que separatista y antihispanica, fue una lucha entre demócratas influidos por las ideales revolucionarios del siglo XVIII contra los absolutistas y burócratas monárquicos aferrados a los privilegios de la vieja España reaccionaria. Distingue con claridad dos tipos de liberalismos, uno de corte colonial y dependiente, conservador, europeizado, elitista y oligárquico y otro de corte revolucionario, democrático y nacional. En este último se inscribe el impulso inicial de Mayo. No fue pues una lucha entre criollos y españoles, fue una lucha entre demócratas y absolutistas, una disputa entre partidos políticos y no entre naciones.
Esta construcción histórica no fue tan homogénea ni inmediata como su antagonista. Aun hoy recibe aportes. Tal vez porque se cumplió la sentencia que a la historia la escriben los que ganan, se tuvo que esperar mucho tiempo y autores como para dar cuerpo a esta corriente que encuentra sus orígenes en Juan Bautista Alberdi y sus "Escritos Póstumos". Bajo esta perspectiva se puede comprender en su plenitud a un Mariano Moreno revolucionario y su "Plan de Operaciones" junto con la obra de la mayoría de los patriotas de Mayo.
Estas son las dos grandes corrientes que explican la Revolución de Mayo. Sin dudas hay otras, como también matices entre ellas. Pero creo que en líneas generales estas reflejan la disputa histórica sobre el tema en cuestión.
Por: Gonzalo García

miércoles, 8 de julio de 2009

Revolución política y Revolución social en la Revolución de Mayo

Uno de los grandes problemas de la historiografía, sobre todo de la de tendencia marxista o marxistizante, es cómo definir un proceso como la revolución de Mayo. Durante décadas, el Partido Comunista Argentino, con diversas variantes interpretativas, creyó ver en la revolución de mayo una revolución democrático-burguesa del tipo de la revolución francesa, que no había logrado consumarse. Contra esta tesis, Milcíades Peña, planteaba que la revolución de Mayo había sido únicamente un cambio en el régimen político pero no había afectado la estructura social. En esto, Peña combinaba sus propios análisis de historiador marxista y trotskista con los análisis de Juan Bautista Alberdi, de quien proviene la tesis de que la revolución de Mayo fue solamente una revolución política. Desde esta lectura, el proceso de Mayo habría implicado solamente un cambio de régimen y de personal político, en un marco de consolidación de la relación del Río de la Plata con el capital británico.
Sin embargo, corresponde a otro historiador marxista como Liborio Justo el mérito de haber señalado los aspectos más radicales del proceso de la revolución de Mayo. Sin negar de plano los análisis de Milcíades Peña en cuanto a las limitaciones de la revolución de Mayo, Liborio Justo hace hincapié en la campaña de Castelli al Alto Perú, que proclamó la liberación de los aborígenes, y en el pensamiento de Mariano Moreno, expresado en su “Plan Revolucionario de Operaciones”, que proponía la nacionalización de las minas, los ingenios, obrajes y talleres. Entonces, en qué quedamos? Fue solamente una revolución política? O fue un proceso emancipador de los sectores más oprimidos por la sociedad colonial? Ni tanto ni tan poco.
Si analizamos sus resultados concretos, la revolución de Mayo no fue una revolución social, porque no modificó lo esencial de la estructura económico-social, salvo dar mayor impulso al comercio inglés, que ya tenía un peso preponderante, limitado sólo por el monopolio español, maltrecho por el contrabando.
Ahora bien. Este hecho, no permite circunscribir el proceso de Mayo a un mero recambio por arriba en las élites gobernantes. Esa es una lectura reduccionista que olvida que la revolución de Mayo fue el inicio de un proceso de lucha independentista a nivel continental, que había sido precedido durante las últimas décadas del siglo XVIII por la independencia norteamericana, la rebelión de Tupac Amaru y la revolución en Haití.
En segundo lugar, iniciativas como las de Castelli en su campaña al Alto Perú indican que si bien no fueron predominantes, existieron dentro de la revolución, sectores que perseguían distintos aspectos de emancipación social, que resultaban indispensables para que hubiera un cambio en profundidad respecto de la dominación colonial. Y esos intentos, aunque no se impusieron, existieron.

Por: Juan Dal Maso

viernes, 26 de junio de 2009

Una Revolución Burguesa a la criolla

La mirada política y sociológica en otro aniversario de mayo de 1810
¿De qué estaban hechos los próceres? Cada 25 de mayo, la pregunta se reitera. Hoy día, estamos en vísperas de un festejo nacional, que conmemora los 200 años de algo que se llamó “revolución”. No es extraño que sea el momento propicio para disputar la conciencia de la población: saber quiénes son nuestros “padres” es saber también quiénes somos nosotros.
La institución escolar ha intentado inculcarnos que se trató de superhombres con cualidades extraordinarias. En los últimos tiempos, los medios masivos de comunicación mostraron una intención de “acercar” al prócer. Para ello, se revelan datos de su vida privada. La historia se convierte así en un programa de chimentos. La tarea científica es rebajada al nivel de colección de curiosidades inútiles. Una tercera forma de abordar el problema aparece en la producción académica dominante. Según esta concepción, no hubo ninguna revolución, tan sólo algunos cambios a nivel simbólico. En realidad, los dirigentes eran súbditos leales que fueron arrastrados a los sucesos por una crisis externa: la caída de la monarquía borbónica en 1808. Estamos ante una sociedad sin conflictos y sin cambios, donde todo sucede en el nivel de los discursos.
Estos abordajes no pueden resolver el enigma de los próceres. Sencillamente porque están esquivando la pregunta que asoma detrás de toda explicación de nuestros orígenes: ¿qué es la Nación Argentina? Para no confrontar con el interrogante, eliminan a la sociedad. Entonces, la dirección revolucionaria sólo puede comprenderse apelando a cuestiones personales. Para evitar este serio problema hay que devolverle al personaje su contexto, es decir, las relaciones sociales que lo construyen. Porque los seres humanos estamos hechos básicamente de eso: de relaciones.
Sabemos que eran burgueses, más específicamente, agrarios. Ahora bien, ¿por qué se enfrentaron con el Estado? Básicamente, porque pretendían cambiar la sociedad. En primer lugar, el Virreinato era una estructura política destinada a drenar fondos hacia España. Para ello, se imponían una serie de impuestos al comercio y a la producción. En segundo lugar, el régimen colonial impedía el desarrollo de relaciones capitalistas: se restringía el acceso a la propiedad privada, no se apoyaba la expansión territorial, no se avanzaba con la expropiación de los pequeños productores ni con la regimentación del trabajo en las estancias. Belgrano escribe, en 1810: “Remediemos en tiempo la falta de propiedad, convencidos de lo perjudicial que nos es”. Sin embargo, aclara nuestro prócer, no quiere propiedad para todos: “Indicaré, pero para irritarnos, aquella extravagante ley de Licurgo a sus espartanos de distribuirles los terrenos en proporciones iguales. Error que lo condujo a proscribir el honesto lujo”. Por último, el Estado se reservaba un aspecto clave para la acumulación: la circulación de mercancías. El comercio estaba asignado a ciertos comerciantes habilitados que operaban con el monopolio. Éstos se quedaban con una porción importante de la ganancia del burgués. Por ello, el principal reclamo de los hacendados es la libertad de comercio. Es decir, el desarrollo de ciertas relaciones (capitalistas) se oponía a la existencia de otras (feudales). Ése es el marco en el que combaten los dirigentes revolucionarios y no en pos de una abstracta “libertad”.
La pregunta es cómo lo lograron. El relato dominante afirma que fue un pacto de caballeros. La semana de mayo habría tomado por sorpresa a todos. Pues bien, las fuentes no lo confirman. Luego de la reconquista, el 14 de agosto de 1806, se produce una insurrección que irrumpe en el Cabildo abierto, exige la destitución del virrey Sobremonte y nombra a Liniers, un oficial menor, como la nueva autoridad. A todas luces, se estaban trasgrediendo las leyes coloniales. El 2 de febrero de 1807, en otro tumulto, los revolucionarios exigen que Sobremonte sea puesto preso, sin mediar juicio alguno. El 1 de enero de 1809, las milicias revolucionarias abortan un golpe conservador y desarman a las realistas. En julio de ese mismo año, los revolucionarios toman las armas para evitar que asuma el nuevo virrey (Cisneros), quien debe negociar con ellos en Colonia. Es difícil presentar a los dirigentes revolucionarios como ingenuos sorprendidos por la situación. La proclama de la Junta al asumir no deja lugar a dudas: “Se ha de publicar en el término de 15 días una expedición de 500 hombres para auxiliar las provincias interiores del Reyno, la cual haya de marchar a la mayor brevedad; costeándose esta con los sueldos del Excelentísimo Señor Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, Tribunales de la Real Audiencia Pretorial y de Cuentas, de la Renta de Tabacos, con lo demás que la junta tenga por conveniente cercenar, en inteligencia que los individuos rentados no han de quedar absolutamente incongruos, porque esta es la voluntad del pueblo.”
En su primera medida de gobierno, la Junta declaró la guerra civil, la supresión de los tribunales superiores (la Real Audiencia) y anticipó que podría confiscar cualquier propiedad que considerase necesaria para pagar las tropas. Por lo tanto, los próceres fueron dirigentes de una clase: la burguesía agraria. La Revolución de Mayo no es otra cosa que nuestra revolución burguesa. El producto de una clase que buscó desarrollar relaciones que se enfrentaban a las existentes. Para romperlas, debió organizarse, elaborar un programa, trazar alianzas con otras clases y lanzarse a la toma del poder sin vacilar.
Por Fabián Harari. Publicado en el Diario Crítica de la Argentina (25/05/09)

sábado, 13 de junio de 2009

Las Revoluciones de acuerdo a Wikipedia

En la historiografía se habla generalmente de tres tipos de revoluciones: revolución política; revolución social; revolución económica. Pueden valer para ejemplificarlas las tres grandes revoluciones que surgen y se desarrollan entre los siglos XVIII y XIX, marcando el fin de la Edad Moderna y el comienzo de la Edad Contemporánea.
La Revolución Francesa fue un movimiento fundamentalmente político, porque se trataba de sustituir la monarquía absoluta existente hasta 1789, para reemplazarlo por un sistema político con características radicalmente opuestas, lo que permitió hablar de un Antiguo Régimen y un Nuevo Régimen. Desde un punto de vista general, puede incluirse la francesa entre las Revoluciones Liberales, entendidas como las que aplican la ideología política liberal, y que habrían comenzado con la independencia americana y continuarían en Europa occidental al menos hasta 1848.
La revolución burguesa entendida como la sustitución como clase dominante del estamento privilegiado (formado por nobleza y clero) por la burguesía, con el cambio de relaciones, comportamientos, actitudes y valores sociales que se identifican con una u otra; permite hablar de una nueva sociedad de clases. No obstante, la historiografía suele utilizar más comúnmente el término revoluciones burguesas para referirse, incluso en su aspecto estrictamente político (a pesar de la impropiedad), a las que hemos llamado revoluciones liberales, es decir, a todos los los procesos revolucionarios (como la misma Revolución Francesa) en los que esta clase social es impulsora.
La Revolución Industrial tiene un carácter esencialmente económico, la transformación respecto de la época precedente (la preindustrial) con el uso de nuevas técnicas, fuentes de energía, invención de maquinarias, innovadores medios de transporte, aumento de la capacidad productiva con la sustitución de los talleres artesanales por las fábricas, etc.
Es necesario indicar que estos dos últimos procesos, pese a ser de duración secular, fueron claramente percibidos por sus contemporáneos como súbitos y violentos, como lo prueban, entre otros extremos, la resistencia y los conflictos que generó la aparición del maquinismo (la destrucción de máquinas o luddismo). Es de imposible solución el debate (en el que puede destacarse el aporte de E. P. Thompson) sobre si la revolución industrial inglesa costó más muertes y sufrimientos que la revolución liberal francesa. Justificado este uso, se entiende que por extensión se aplique el término revolución a la Revolución Neolítica y la Revolución Urbana (definidos por Vere Gordon Childe), procesos ya no seculares sino milenarios, pero que presentan claras analogías con los del XVIII y XIX en cuanto a la transformación radical (y sin duda violenta) de las formas de vida de la humanidad. De una forma similar, Earl J. Hamilton acuñó el concepto de Revolución de los precios para los cambios económicos del siglo XVI, ligados a la inflación consecuente a la llegada a Europa de metales preciosos de América.
No se agota la tipología de las revoluciones con los tres tipos enumerados al principio. Se habla de revoluciones en cualquier ámbito, incluso en los más alejados de los usos anteriores, como sería el ámbito de la ideología (revolución ideológica) o el del arte (revolución artística). A veces esa extensión se hace con evidente abuso del término (cuando se aplica a la moda, al deporte, a la última novedad de la música popular...), y a veces está plenamente justificada (revolución cultural en la China maoísta) o el concepto de revolución científica (Thomas Kuhn). Por otro lado, se han propuesto distintos tipos de periodizaciones y agrupaciones de revoluciones por sus similitudes o proximidades en el espacio o en el tiempo (ciclos revolucionarios).

Salvador Dalí

jueves, 11 de junio de 2009

Rosas y la Revolución en 1836

Tenemos que considerar, para un análisis de si existió una Revolución, al discurso que Rosas diera el 25 de mayo de 1836 (La Gaceta Mercantil, 27/05/1836). Allí afirmó que el acto del 25 de Mayo de 1810 se había cumplido: "No para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles, sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud poniéndonos en disposición de auxiliarlos con mejor éxito en su desgracia... Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y fidelidad a la Nación Española y a su desgraciado Monarca; un acto que ejercido en otros pueblos de España con menos dignidad y nobleza, mereció los mayores elogios, fue interpretado en nosotros malignamente como una rebelión disfrazada por los mismos que debieron haber agotado su admiración y gratitud para corresponderlo dignamente". Aseguró que por siete años se procuró mantener el estado de dependencia hacia España pero que finalmente la independencia se produjo "renovando aquellos nobles sentimientos de orden, de lealtad y fidelidad que hacen nuestra gloria, para ejercerlos con valor heroico en sostén y defensa de la Causa Nacional de la Federación, que ha proclamado toda la República".
Este discurso identifica a la gestión política de Rosas como una renuncia expresa de los postulados de independencia; la Nueva Nación no significó más que el mantenimiento de los moldes coloniales, tan sólo una Restauración.
Juan Carlos Ramirez

sábado, 6 de junio de 2009

La Revolución de acuerdo a Wikipedia


Es el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato. Se puede producir en varios ámbitos al mismo tiempo, tales como económicos, culturales, religiosos, políticos, sociales, militares, etc. Los cambios revolucionarios, además de radicales y profundos, y sobre todo traer consecuencias trascendentales, han de percibirse como súbitos y violentos, como una ruptura del orden establecido o una discontinuidad evidente con el estado anterior de las cosas, que afecte de forma decisiva a las estructuras. Si no es así, debería hablarse mejor de una evolución, de una transición o de una crisis. Si lo que falta es su carácter trascendental, debería hablarse mejor de una revuelta. Las revoluciones son consecuencia de procesos históricos y de construcciones colectivas, para que una revolución exista es necesario que haya una nueva unión de intereses frente a una vieja unión de estos.
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