Belgrano sabía que la mayor parte del pueblo jujeño era partidario de la Revolución (no ocurría lo mismo en Salta, donde la elite estaba bastante dividida). También sabía de la existencia de sectores entre la elite local que le eran fieles al Virrey de Lima y podían servir para abastecer a las tropas virreinales. En ese contexto y a través del "Bando del 29 de julio", ordenó el retiro y emigración de toda la población y amenazó a quienes quisieran traicionar sus órdenes:
“Pueblos de la Provincia de Salta:
Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en
que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de
la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella
os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha;
y lo peor es que son llamados por los
desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que
nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y
volváis a la esclavitud. Llegó pues la época en que manifestéis vuestro
heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi mando, si como
aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y
municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los
que las tuvieron y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza
de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.
Hacendados: apresuraos a sacar vuestro ganado vacuno, caballares, mulares y
lanares que haya en vuestras estancias, y al mismo tiempo vuestros charquis
hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tomeprovidencias que os sean dolorosas,
declarandóos además si no lo hicieseis traidores a la patria.
Labradores:
asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia
de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
Comerciantes:
no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos, e igualmente
cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo
sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se
hallaren, sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan.
Entended todos que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será
pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que
igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase
contra la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que
fuese. Que los que inspirasen desaliento estén revestidos del carácter que estuviesen
serán igualmente pasados por las armas con sólo lo deposición de dos testigos.
Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no
estuvieran prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean
de la clase y condición que fuesen.

No espero que haya uno solo que me dé lugar par aponer en ejecución las referidas
penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en
ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán
ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que
se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.
Cuartel general de Jujuy 29 de julio de 1812”.